miércoles, 4 de junio de 2014

Watch Dogs, análisis


Watch Dogs, análisis
Seguro que más de un lector recuerda la primera vez que vimos a Watch Dogs. En el E3 de 2012, Ubisoft mostraba el primer juego en mucho tiempo que parecía dar el salto que todos esperábamos. La prensa especializada, curtida en mil batallas, se levantó a aplaudir en el momento en el que Watch Dogs se consagró en ese fenómeno llamado hype. Después llegaron las noticias con cuentagotas, los anuncios de downgrade gráficos y las decepciones por anticipado. Hoy, es tiempo de valorar; hemos probado Watch Dogs en PS4 y esas son nuestras impresiones.

Ficha técnica

La propuesta jugable de Watch Dogs pasa por un sandbox de factura clásica, que como cualquier otro bebe de las fuentes de Rockstar, al que se le ha añadido el hacking y la tecnología como elemento diferenciador. Así, además de usar las armas y los coches, podemos aprovechar las capacidades de Alden Pierce, nuestro protagonista, para aprovechar el mundo hipercontectado en el que vivimos en nuestro favor.
Hackear un dispositivo es tan sencillo como mantener pulsado un botón unos segundos; móviles, semáforos, cámaras de videovigilancia o las granadas de nuestros enemigos están a nuestra disposición. Watch Dogs quiere que seamos espías y nos permite investigar su mundo y a los que lo pueblan desde la perspectiva del pirata informático; podemos decidir si vaciamos la cuenta de una anciana o usamos nuestras habilidades para impedir un delito que está a punto de producirse, todo en tiempo real y con un componente cuasi-aleatorio que engancha.
Lo mejor es que Ubi ha sabido integrarlo en una interfaz que no molesta, pero si ofrece al jugador las opciones suficientes para saber qué puede hacer y lo incita a probar combinaciones. La curva de dificultad es suave y serán pocos los momentos en los que nos encontremos sin tener nada que hacer, si bien la campaña es absolutamente lineal.



Como cualquier juego de su género, el nuevo título de Watch Dogs tiene un hilo principal y decenas de misiones secundarias, tareas y coleccionables. Aunque no es obligatorio, conviene avanzar unas misiones en la campaña para mejorar las habilidades de Pierce y tener acceso a gran parte del juego. La trama central cuenta una historia de venganza personal que, sin ser de lo mejor que hemos visto, está bien contada en invita al jugador ver más; lo que más se echa de menos es el peso de nuestras decisiones, prácticamente nulo en la práctica. Desde nuestro punto de vista, lo mejor de Watch Dogs es que deja pensar al jugador. El punto de comienzo de cada misión ofrece una perspectiva clara de lo que debemos hacer y, en la mayoría de casos, varias posibilidades de terminarla con éxito. Incluso, dentro de la victoria, se pueden alcanzar niveles de perfección entre hacer una masacre a lo Rambo o realizar un trabajo fino sin ponernos en riesgo ni disparar un solo tiro. Es el segundo plateamiento el que más se disfruta y, a poco que subamos el nivel de dificultad (prácticamente un paseo en normal), la mejor opción.
La influencia de otros juegos de la casa francesa se nota y mucho en gran parte de las mecánicas del juego. Están especialmente bien resueltos los tiroteos y las zonas de sigilo, si bien la conducción nos parece demasiado arcade y, una vez obtenidas las habilidades necesarias, resultará un reto demasiado sencillo para usuarios con experiencia en el género.
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Promesas rotas que no son para tanto

Mentíriamos si dijeramos que el nivel gráfico de Watch Dogs está a la altura de lo esperado. De hecho, parece más un juego intergeneracional (clásicos de los primeros meses de vida de una nueva consola) que la revolución que esperábamos. En PS4, la plataforma en la que lo hemos probado, el juego se mueve a 900p con 30 frames constantes, ofreciendo una sensación de fluidez notable.
Los problemas vienen cuando nos encontramos con texturas un tanto pobres (se nota mucho más en conducción), animaciones que no pasan de aceptables y promesas como el realismo de fuego, humo y explosiones se han quedado en eso. Títulos como Infamous Second Son, de reciente aparición, superan con creces al que, en teoría, venía a batir récords en el plano técnico.
Más allá de eso, resulta una gozada jugar a un sandbox repleto de vida sin parones, ralentizaciones ni caídas repentinas de framerate. Nos quedamos con las buenas noticias que augura para el resto de la generación, en la que incluimos una más que probable segunda parte de una IP que ha llegado para quedarse.
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Conclusiones

¿Qué le debemos pedir a un juego? La mayoría de lectores contestarán que diversión, por encima de todo. Watch Dogs la tiene y, por esa razón, nos resulta injusto valorarlo como un mal juego, como lo que pudo haber sido y no fue. Estamos ante un sandbox notable, que no tendrá el peso que muchos esperábamos, pero que ofrece entre 20 y 25 horas de buenos ratos. Recomendable para casi todos, siempre que nos olvidemos para siempre de aquel tráiler…

 Saludos.

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